Autoridad Pedagógica y la fragilidad de las palabras
Uno de los desafíos de la gestión fue aprender a expresar, de manera adecuada, las palabras. Transmitir las ideas de manera clara, y sobre todo, respetuosamente, sin molestar. Y la intención en que esas palabras quedan inmersas, cobra fuerza y certeza.
El gran problema, es que no hay marcha atrás, en la mayoría de las veces. Una vez dichas ya no se pueden corregir, debido a que producen un efecto muy difícil de modificar.
Es la fragilidad del vínculo, que al mismo tiempo lo torna indestructible. Por eso el respeto es el escudo protector. Podemos equivocarnos pero no herimos con nuestros errores.
Ahora, ¿cómo construyo el respeto? Es el respeto hacia mi misma lo que ofrezco. No puedo ofrecer lo que no tengo.
El cuidado extremo al armar un mensaje, que se envía por whatsapp. Porque por más que se pueda borrar, ya se envió y alguien alcanzó a leerlo. No son válidos los intentos de buenas intenciones si el resultado termina siendo violencia emocional en lo que queremos comunicar. Las disculpas terminan sobrando, y hasta fuera de lugar. El vínculo empieza a romperse. Así de frágil. Tan difícil que es construirlo y en un instante desvastador, se destruye con altas probabilidades de ruptura definitiva.
El vínculo construido desde el respeto, el respeto por la vida, por la verdad que somos, se torna vivo, trascendiendo cualquier dificultad, entredicho, se fortalece, y nos engrandece como personas y como comunidad.
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